Perspectivas Latinoamericanas en el Siglo XXI

El enorme cambio ocurrido en el último cuarto de siglo a nivel de instituciones, la tecnología y el desplazamiento de los factores de producción a nivel mundial, ofreció oportunidades a la vez que planteó riesgos.

En términos generales, podemos afirmar que América Latina experimentó cierto crecimiento en los ’90 después del retroceso generalizado de la década anterior. Las exportaciones registraron incrementos, creció la inversión de capitales extranjeros, bajó la inflación y decreció el número de pobres. Sin embargo, el repunte general de la economía fue menor al esperado y no logró contrarrestar del todo los períodos de depresión de los años anteriores. En muchos casos, la mejora de los años ’90 apenas fue suficiente para equiparar las economías de los países latinoamericanos a las que los mismos tuvieran en los años ’50. El cambio de paradigma económico experimentado en todo el mundo fue aprovechado por algunos países de manera eficaz, mientras que en otros casos los resultados fueron mucho menos positivos. Los siguientes son algunos casos:

 

Chile 

En este caso, el gobierno de transición post-dictadura logró aprovechar sus propias virtudes y el panorama internacional para alcanzar logros considerables.  La fuerte crisis de 1982 generó un período de reflexión y aprendizaje de la política económica. Así, se fueron comenzando a aplicar medidas que colaboraron a una recuperación gradual, posible gracias a la consolidación del nuevo modelo y a la existencia de reglas de juego estables. Un ejemplo de esto es cómo los gobiernos de transición a veces respaldaron abiertamente algunos elementos del proyecto económico militar. Esto último fue fundamental para mantener la confianza de los inversionistas durante la vuelta a la democracia. Si bien los nuevos gobiernos impulsaron medidas de carácter social, el crecimiento económico chileno no estuvo siempre acompañado por medidas equitativas de redistribución de la riqueza. Así, algunos sectores sociales se beneficiaron muy poco de este auge.


Argentina

Desde los años ’40, la gestión económica argentina se vio entorpecida por problemas políticos. Los continuos enfrentamientos, golpes de Estado e inestabilidad generalizada, no permitieron que se implementara una política económica que sobreviviera a los conflictos. En Argentina, y a diferencia del caso chileno, no hubo un proceso de aprendizaje respecto a los errores de implementación de la política económica tanto antes como durante el régimen militar. Esto llevó a que en los primeros años de vuelta a la democracia se intentara controlar la inflación mediante medidas que terminaron siendo totalmente contraproducentes. A pesar de esto, las reformas introducidas a partir de 1990 con el gobierno de Menem (entre las que se destaca la convertibilidad uno a uno del peso con respecto al dólar) ayudaron a establecer un conjunto nuevo de reglas en torno a la estabilidad financiera y la apertura, que sirvieron para atraer financiamiento del exterior y mantener las exportaciones.

 

Perú

La situación de Perú en los años ’80 fue de mal en peor. La salida de capitales y la creciente inflación generaron graves problemas, a los que se sumó la oleada de catástrofes causadas por El Niño en 1983. Todo esto sumado al accionar del movimiento revolucionario de Sendero Luminoso creó la impresión de que el país era ingobernable. En un intento de hacer frente a esta realidad, el gobierno de Fujimori implementó un conjunto de medidas neoliberales (devaluación masiva, ajuste de los precios, política fiscal restrictiva). Esto sumado al compromiso que asumió el gobierno a favor de una economía promercado, rápidamente atrajo financiamiento del exterior. La popularidad que obtuvo el gobierno gracias al éxito de su gestión le dio respaldo para consolidar y profundizar las reformas. La economía peruana creció; subieron las exportaciones y las inversiones.


Conclusión

La característica más notable de América Latina en los ’90 fue la amplia variedad de experiencias. Algunos países claramente han recorrido una trayectoria de aprendizaje y lograron aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización. Otros países todavía se encuentran traumatizados por los desastres de los años ’80 y aún se encuentran vulnerables a los peligros del mundo globalizado, sin poder beneficiarse del mismo.

La continuidad y la estabilidad han sido factores importantes. Los países que fueron prudentes y mantuvieron sus políticas económicas sin hacer virajes radicales han logrado, como mínimo, la confianza de los inversores extranjeros. Sin embargo, esto por sí solo no es suficiente, ya que la política económica debe estar estructurada sobre la base de un marco institucional estable, algo que muchos países latinoamericanos no han logrado consolidar.

Para transformar el bienestar económico pasajero en una reforma profunda se necesita de un sistema político maduro.


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